Saturday, June 14, 2008

Un homenaje peludo



Rodrigo descubre el espejo retrovisor
Ciudad de México, 2007



último día del quinto mes en el año dos mil y cero ocho
al despertar

Querido Hermano:

Las huellas de unos pies en la arena, antes de sucumbir a la huída de la ola, llenas de agua como un cuenco o una mano, sacian la sed con el que el cielo colma el parto de la nube. La sal alcanza límites inmensos. Esta mañana alcanzo mi garganta y los barcos entraron en mis ojos. Pude ver las huellas durmiendo bajo el brazo tranquilo del mar que las besaba. Pude ver una fotografía en la que una mujer hecha de movimiento escribía en su memoria el tacto de una luz que sólo ella sentía. Hermano, qué navegación primaria ha dado a luz tu pluma esta vez. Me ha conmovido tanto... el beso de las cadenas, las monedas que adivinan un camino a algún lugar lejano de la noche, escalera de ruedas y figuras, signos de recompensa y consagración, pasos para pagar el cruce y pagar el regreso, óbolos, gotas de luz que mira caer el sueño del incendio. El beso de la cadena rompe el eslabón más firme. Y lo que hay de ala echa a crecer bajo un sueño. Y lo que hay de sueño echa a andar entre los corredores, y habla con los gallos que adivinan el alba...



G





Rodrigo descubre sus vocaciones ocultas
Ciudad de México, 2007

0 Comments:

Post a Comment

<< Home