Un homenaje rizado

Chinoise juega a la luz
Ciudad de México, 2007
quinto día del sexto mes del año dos mil y cero ocho
con las primeras luces
“...pocas cosas valen más que la sencillez emocionada
de estas solas palabras: es usted bueno...”
Carta de Basilio Valentín a un alquimista
que encontró la piedra filosofal
R:
Mira. La luz por la ventana estalla junto a las flores nuevas. Su vegetal sacrificio, su ofrenda inverosímil, su entrega infinita, no llena las manos que las reciben. Porque el obsequio es breve. Tus manos son inmensas. Yo he visto arder en esas manos entusiasmos y cóleras, las he visto dejar salir de sí gigantes de maravilla, olas de incendio. En la mitad de la noche, bajo el peso impensado de los párpados. He visto arder la zarza en tus pupilas, amiga, y elevar tu palabra ante los cielos. Mi sombra, amiga, envuelta por tu sombra en el abrazo, reconoció en el nombre que lo visible pronunciaba el anuncio fraterno, su visión de gloria y bondad. Su visión de árbol que mece una risa pequeña, una risa que llena los rincones completos de la casa. Su visión de semilla que crea elefantes y gatos y misterios. Su visión silenciosa que adivina el paso y adelanta cura a la herida del porvenir. Su visión que cuida al otro a un lado de la cama en la que el otro llora sin preguntas. Su visión de barco entrando contra el mar, su samotracia. Su visión que escribe y huella sobre el párpado del mundo, para que el mundo al ser leído se conmueva. Y se extienda entonces largo como un ave. Y sea el vuelo un nuevo orden sin más. Y así se eleve. Como esta carta breve echada al fuego, y el cariño de todos y el cariño, se eternice en la llama que lo eleva.
Las letras que hasta ti llegan son también más pasos, silencios mirando las plumas del sol cuando amanece. Mi palabra, amiga, quiere esta vez caer en el abrazo de tu mano, para poder decir, para poder dejar constancia en algún sitio de tus raíces amadas para todos nosotros. Tus raíces a cuyos bordes acudimos todos a compartir el pan, la luz, la pena, la voz, la carcajada, y el puñado de ojos que originan las miradas infinitas.
Mi mano traza esta vez en tu nombre los nombres esenciales que conoce. Palabras como amistad, palabras como gracias.
Estas líneas no alcanzan amiga, habrá que continuar escribiendo....
Cómo te quiero
G

Chinoise y el viaje
Ciudad de México, 2007


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